Innovación y relacionamiento estratégico

Tendamos puentes

En Guatemala hay más puentes que reconstruir que aquellos que han colapsado con el tiempo. La ausencia de estos puentes afecta la economía, limita nuestra libertad de movimiento y retrasa el desarrollo del país.

Patricia Letona D.

3/14/20252 min read

En Guatemala hay más puentes que reconstruir que aquellos que han colapsado con el tiempo. La ausencia de estos puentes afecta la economía, limita nuestra libertad de movimiento y retrasa el desarrollo del país.

Pero más allá de los puentes de concreto y acero, hay otros que, poco a poco, se han ido desmoronando: los lazos entre personas, la confianza en las instituciones, la capacidad de sentarnos a hablar y escucharnos activamente. Hoy parece más fácil levantar muros que tender puentes, y el diálogo se está perdiendo entre el ruido, la polarización y la desconfianza.

Cada vez es más difícil entendernos, no porque hablemos distintos idiomas, sino porque hemos dejado de hacer el esfuerzo por comprender al otro. Como dijo el escritor francés Somerset Maugham: “A veces, el viaje más largo es la distancia entre dos personas”.

Cuando trabajé en el Gobierno, una de las experiencias más enriquecedoras fue presenciar la sinergia entre distintos actores, siempre dentro del marco de la legalidad.

También fui testigo de cómo grandes proyectos quedaron enterrados antes de ver la luz porque incomodaban a unos pocos.

Bastaba con que afectaran ciertos intereses para que fueran bloqueados o simplemente se les dejara morir. Eran iniciativas con el potencial de transformar Guatemala, pero quedaron atrapadas en la inercia, sacrificadas por agendas particulares. Y así, una y otra vez, el país pierde oportunidades valiosas, alimentando la sensación de que aquí nada cambia y que el desarrollo siempre queda en pausa.

Como guatemaltecos, hemos demostrado que la unión tiene fuerza, especialmente en momentos de crisis. Pero ¿qué pasaría si aplicáramos ese mismo principio a causas de largo plazo en temas como un nuevo modelo de educación, combate a la corrupción, progreso económico que alcance para todos, lucha contra la desnutrición, entre otros?

Escucho cada vez más voces preocupadas por la dificultad de comunicarse con el Gobierno o de establecer un trabajo conjunto. Aunque existen mesas intersectoriales donde convergen distintos actores, muchas veces parecen estancadas. Es crucial que el Gobierno no las use solo como espacios de rendición de cuentas o monólogos de gestión. Estas instancias deben ser verdaderas plataformas de escucha, diálogo y acción con impacto real.

Los estoicos, como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, valoraban profundamente el diálogo y la interacción social. Veían las relaciones comunitarias como un reflejo de las virtudes individuales. Marco Aurelio comparaba a cada persona con un hilo en el tejido de la existencia, recordándonos que todos somos parte de un todo.

Ese enfoque subraya la importancia de la cooperación y el entendimiento mutuo para el bienestar colectivo, algo que hoy nos hace tanta falta.

Personalmente, me preocupa el abuso de las llamadas mesas de diálogo o mesas intersectoriales. Con demasiada frecuencia, se convierten en ejercicios interminables de reunionitis, donde lo urgente se aplaza de encuentro en encuentro hasta volverse irrelevante.

El verdadero problema no es solo la ineficiencia, sino lo que sucede cuando el diálogo se rompe y los ciudadanos no tienen acceso a sus gobernantes o cuando ni siquiera dentro del mismo Estado hay colaboración efectiva. Y sabemos bien lo que pasa cuando hay vacíos en la gestión pública: alguien siempre encuentra la manera de liberar los nudos y llenarlos los espacios con corrupción.

Tendamos puentes. No solo los que conectan territorios, sino los que reconstruyen la confianza y el diálogo en nuestra sociedad.

Publicado en el Diario de Centroamérica el 14 de marzo de 2025

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